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Ofrece valor

Hoy a eso de las 11 de la mañana entró una chica a la oficina, no tendría mas de 25 años. Llevaba su mochila al hombro y algunos papeles en la mano.
Sin hacer mucho ruido se dirige a la persona del primer escritorio:

– Hola.
– Ehm, venía a dar mi currículum.
– Ok, aquí déjamelo. Gracias.

Acto seguido se da media vuelta y sale mas rápido de lo que llegó. Ni siquiera pude verle bien la cara.
Seguramente su hoja de papel, que hizo con tanta esperanza, se quedará archivada en más de una empresa, incluida esta.

Entiendo el valor que se requiere para entrar en una empresa que no conoces y presentarte. Salir a buscar trabajo después de haber acabado la escuela y con el cv maquillado para que no se vea tan vacío. También entiendo que no es fácil encontrarlo en una situación como la actual, con esos porcentajes tan altos de desempleo juvenil.
Pero por lo mismo creo que ir a echar curriculums como si fueran panfletos de ofertas no es la mejor estrategia. Si ya te decidiste a buscar trabajo y estás dispuesto a dedicarle tu tiempo y energía a una empresa, ve a por todo. Continue reading “Ofrece valor”

Mejor hecho que perfecto

En enero, cuando empecé por octava vez mi blog, lo hice con la misma dinámica con la que lo intentaba siempre. Pasar horas buscando un theme de wordpress, leyendo de plugins, consejos de expertos, de optimización SEO, configurando y cambiando el css… todo eso ANTES de empezar a escribir. Y cuando me daba cuenta, se me habían pasado las horas y de nuevo tenía el mismo resultado, ninguno. Me había pasado toda la tarde imaginando un proyecto que no tenía ni pies ni cabeza, distrayéndome con detalles que podía dejar para después, con la optimización de un producto que no existía y el día siguiente empezaba la rutina con la búsqueda: “Como empezar tu blog” en Google (o casi).

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Ser menos experto

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste/que fuiste un principiante?

Mientras crecemos, nos vamos poniendo de meta ser cada vez mejores en algo, en lo que hacemos, o si somos afortunados, en lo que nos gusta. Escogemos una carrera y le dedicamos 8 horas al día o más a perfeccionarla. Y con suerte vamos avanzando y volviéndonos expertos.

Eso incluye, de cierta forma, cerrar la mente y por tanto nuevos caminos.

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Tú y tus herramientas

Llevo unos seis o siete años usando el software de Adobe.
Empecé a mover pixeles y vectores con CorelDraw, porque era parte del plan de estudios de computación en la primaria (en cuarto o quinto) pero ya hace mucho tiempo que no lo uso. Después, en secundaria, el profesor de fotografía nos enseñó que existía el Photoshop (era el ocho, yo creo) pero regresando a casa sólo tenia instalado el Corel y tuve que esperar unos años para poder conseguirlo.
Tampoco es que necesitara mas. Hacía los flyers de las fiestas que organizábamos en Corel, montajes y ediciones en Paint (!) y le pegaba duro al FrontPage. Básicamente lo que había ya instalado en el ordenador de casa, que como muchos de esa época, compartíamos con los hermanos y no como ahora que todos tienen su iPhone y iPad, así que no había tiempo que perder en buscar otras cosas (ni internet de banda ancha).

Pero una vez probé las maravillas de la paquetería Adobe no volví a mirar a otro lado. Cientos de tutoriales y sitios de recursos, amigos que sabían mas que yo y que les podía preguntar en el messenger, foros llenos de preguntas, miel y mas miel. Además que en todas las escuelas de diseño en la que he estado (esa es una historia para otro día) era BÁSICO y casi impensable el enseñar/usar otro software. Hasta ahora.

Creo que pocas veces como estudiantes o profesionales nos cuestionamos el uso de estas herramientas, y a menos que nos salgamos de los “estándares” de habilidades, la tríada Ps, Ai, Id es un monopolio bien cobijado por planes de estudio y números seriales.
Entiendo que para prepararte técnicamente para el mercado, la opción mas sencilla sea enseñarte lo básico de estos tres programas y la teoría que los acompaña. Vectores, mapas de bits, perfiles de colores…, pero también creo que es nuestra responsabilidad como profesionales no quedarnos ahí, a expensas de la nueva actualización o ahorrando todo el año para, al fin, tener una licencia propia.

Es importante no dejar que nuestra creatividad y capacidad productiva sean prisioneras de nuestras herramientas. Y ser capaces de adoptar nueva tecnología y métodos según lo requieran las circunstancias. Esto es una ventaja competitiva importante y te puede abrir las puertas en muchos trabajos.

Hace algunos años, crear software de edición era una batalla a la que pocos se animaban a entrar, se requerían grandes equipos y mucha inversión, por eso también las licencias eran tan restrictivas. Era eso o nada. Pero con Internet, el boom de desarrolladores y las AppStores esto está cambiando y prueba de ello son Affinity y Bohemian Coding, dos empresas que le están dando una vuelta al mercado y unos cuantos dolores de cabeza a Adobe, seguro.

Pero mas que dolores de cabeza, lo que están ofreciendo es una frescura que el viejo elefante muy difícilmente podía dar. Y eso, después del shock inicial de darte cuenta de lo acostumbrado que estás a la gran A, se agradece y bastante. Por eso, y siguiendo la linea de mis experimentos, estoy mudándome a esta nueva casa, poco a poco –porque cuando necesito sacar mucho trabajo la experiencia ayuda– pero seguido.

Estoy seguro que la línea de aprendizaje será muy rápida, porque  así lo han pensado y se nota. Sacarte de la mente y de los reflejos los atajos de teclado y la ubicación de las herramientas no es nada sencillo y creo es el principal obstáculo para la adopción de nuevas herramientas a escala masiva, pero es una buena oportunidad para que te preguntes si usas tus herramientas o estás amarrado a ellas.

El Design de Affinity cuesta 50€ y el Sketch de BC 99€ y están solo para mac.

Tener menos, ha-ser más

El otro día hablaba del miedo al espacio en blanco en el diseño, una costumbre que veo con frecuencia en nuestros trabajos de la escuela (y de fuera).
El rellenar cualquier espacio en busca de un estilo o para desviar la atención del contenido. Esto puede parecer contradictorio con el objetivo principal del diseño: comunicar, pero es mas común de lo que creemos y pasa a menudo cuando no estamos convencidos de lo que dice nuestro trabajo o cuando no tenemos claro el problema que estamos tratando de solucionar.

Quitar es más difícil que poner, porque entre menos cosas haya, mas importancia tienen y mejores tienen que ser.
Y a riesgo de terminar siendo aburridos o repetirnos, tenemos que buscar más cosas que puedan ser mejores para que terminen siendo menos.

Que el diseño cumpla con estas características, ser simple, directo, eficaz, no es nunca por casualidad sino resultado de un proceso que empieza por identificar y definir el problema. El capítulo ¿Qué es un problema? del libro Como nacen los objetos de Bruno Munari lo explica de una manera precisa y es una lectura obligada para todos los diseñadores de cualquier área.

Y para los emprendedores y empresarios. Mientras lo leía, no podía dejar de ver coincidencias con lo que hablaba de los proyectos mínimos viables. Y si cambiamos el enfoque de diseño industrial o gráfico, por diseño de servicios (una empresa) son conceptos de gran valor para un negocio.
Cambiar la idea de que el diseño va al final, solo para “embellecer” y moverlo al inicio del proceso, que es donde pertenece.

Si estás estudiando diseño, no busques quedarte con la parte estética final, sino con lo que te lleva ahí. Al final, entre mejor sea el proceso, mejor será el resultado.

Ser parte

Por naturaleza buscamos ser parte de algo; de un grupo, de una comunidad, de una pareja. Es parte de nuestro ser; somos siempre integrantes de un estructura más grande y complicada que nosotros mismos. Parte de una sociedad, de una cultura.

Algunos de estos grupos no los elegimos, sino que ellos nos eligen a nosotros, como la familia, el primero y más importante de todos. Pero casi todos los demás son nuestra elección.
Los grupos a los que pertenecemos ayudan a definir nuestra personalidad y por tanto, quiénes somos. Nos hacen ver las cosas de cierta forma, tomar o dejar hábitos y encausan las conversaciones que tenemos en la cabeza: nuestras ideas.

Es por eso que es tan importante elegir bien a la gente que nos rodea, porque serán parte fundamental de nuestra relación con el mundo.

Haz un sencillo ejercicio: piensa en las cinco personas con las que pasas mas tiempo en el día. No las que más quieres, ni las que te caigan mejor, sino con las que compartes más. Y reflexiona sobre como influyen en ti; su actitud, su energía, sus acciones.

Y después piensa que tú también eres parte de los cinco de alguién más. ¿Qué les puedes ofrecer? ¿Cómo puedes ayudar a que su vida sea mejor?

El cansancio de lo cotidiano

Llevo 16 meses viviendo en España. Casi 500 días desde que tomé el vuelo en DF y aterricé en Barajas. Entonces todo era distinto, el color de los edificios, las señales de las calles, las cosas que había en las máquinas de vending.
Pero año y medio es mucho para las novedades y me acostumbro rápido a las cosas.
Y es algo que no me gusta. No debería gustarle a nadie. Acostumbrarse implica dejar de ver las cosas con ojos frescos, dejar de maravillarse, dar por sentado que lo que ves es lo que hay, y que no tienes porque cambiarlo.

Y estamos aquí para cambiar el mundo. Algunos a mayor o menor escala, algunos por mucho tiempo o para muchas personas, otros para unas cuantas, o incluso para sí mismos.
Pero el primer paso es desperezarse de lo cotidiano. Entender que por más aburrida que te parezca la rutina, no es algo que tienes que hacer, sino que eliges hacer y como hacerlo.
No es blanco o negro, la otra opción no tiene porque ser ir de Indiana Jones y vivir miles de aventuras, es simplemente elegir hacerlo distinto, diferente cada día.

Entonces no será rutina. Serás Mr. Jones.

Proyectos Mínimos Viables

En el cada vez más grande mundo emprendedor, hay un término popularizado hace unos años por Eric Ries en su libro “The Lean Startup” al que llama Minimum Viable Product, el producto mínimo víable. La versión beta que tiene las mínimas complicaciones y características funcionales que te permitan lanzar un proyecto y enseñarselo a un público real que te pueda dar claridad sobre si vale la pena seguir metiéndole esfuerzo y dinero o si necesitas replantear la idea (o como la transmites).

Esto requiere que hagas un análisis conciensudo (y selectivo) sobre las principales cosas que hacen de tu proyecto algo que le pueda interesar a mas personas y si tienes la capacidad para realizarlo del modo que lo estás pensando o requieres hacer primero otras cosas que ayuden al éxito de la idea principal (por ejemplo, buscar una base de lectores/suscriptores antes de lanzar un libro) y que al mismo tiempo te permitan medir tu mercado potencial (hacer crecer esa misma base de lectores a base de artículos en Internet que les interesen/gusten).

Esto tambien funciona con proyectos no necesariamente emprendedores, como por ejemplo, con el encargo de algún cliente. Muchas veces me ha pasado, que después de las primeras reuniones, me ponía a trabajar como loco en la idea que me había formado de como debería ser el resultado final del proyecto, sin irla construyendo paso a paso, sin medir si esa solución funcionaba o no.

Ahora creo que es mejor construir MVPs de cada proyecto. Analizar los puntos claves que sostienen el concepto, simplificarlos lo mas que pueda, construir las soluciones que lo muestren con las mínimas características, decidir si nos sentimos cómodos con el camino y probar si funciona con un grupo externo (aunque reducido) de personas.

Esto requiere de una mayor capacidad de pensamiento abstracto y claridad para poder comunicarlo, por lo que puede llegar a ser complicado explicarlo y poner en sintonía al cliente, pero lleva sin dudas a mejores resultados.

Muchas veces nos lanzamos a la brava, con ideas creciendo en la cabeza le damos características al proyecto por gusto personal y damos por supuesto elementos clave de las circunstancias que lo rodean. Incluso nos llegamos a alejar de la mejor solución por construir lo que ya tenemos imaginado. Quizá a veces por miedo de no tener una idea mejor otras por simple pereza.

Al final, lo mejor es no enamorarse de las soluciones sino de la idea de solucionarlo de la mejor manera. La mayoría de las veces ni se parecerá a lo primero que pensaste.

Make it rain

¿Haz sentido ese pequeño dolor de estómago, justo en medio del cuerpo, que da cuando estás a punto de hacer algo que de tantas ganas que tienes que suceda, te da miedo?
Seguro que si. A todos nos ha pasado, cuando quieres invitar a salir a la chica que te gusta, cuando vas a mandar ese proyecto por correo, cuando estás a punto de apretar el ícono de teléfono para hacer esa llamada (y por quinta vez mejor lo guardas).

Algunas de las mejores cosas que me han pasado, han venido después de ese dolorcillo. Cuando lo he sentido y con ese impulso, con toda esa adrenalina, he decidido hacer eso que lo causaba. Como si me aventara de un sitio alto, pam!, sin pensarlo mucho.

Si ahora estás sintiendolo, si te están temblando las manos porque no puedes dejar de pensar y se te juntan las ganas en el pecho, aprovechalas y hazlo. Deja de leer, es más, dejaré ya de escribir. Deja todo lo que estás haciendo y ve a cambiar tu vida.

Haz que llueva.

¿Cuánto vale mi día?

Tu tiempo es valioso. Parece una frase pre-cocinada para vender libros de superación profesional, pero es verdad. En realidad, creo que es la única moneda de cambio que tenemos y sobre la que somos auténticamente responsables.
Cuando dices no tengo tiempo para tal cosa, en realidad lo que no tienes es la intención de gastar tu moneda en esa transacción. No te da el beneficio que requieres para dejar de hacer otras cosas por esa.

Todos tenemos el mismo tiempo, por lo menos al día.

Pero como con la moneda corriente, mi educación financiera también deja mucho que desear cuando hablo de mi tiempo. Gasto cantidades innecesarias en actividades que no resultan ser una gran inversión.

Hace unos días, pensando en esto, hice un pequeño ejercicio y como los resultados son interesantes, te invito a que también lo intentes.
Todo empieza con una simple pregunta: ¿Cuánto vale mi día?
Para calcular esto, la forma mas fácil es saber cuanto valen esas horas en el mercado. No cuanto siento que valen, ni cuanto me gustaría.
Actualmente estoy estudiando y trabajando a media jornada, por lo que dividiendo el salario del mes entre las horas laborables (80/mes) da 8,75€ la hora. Puede parecer poco o no, pero eso no es lo importante. Acá la cosa es: a alguien le interesa –y conviene– gastar 8,75€ por cada hora que yo le dedique. (Normalmente no funciona así, no trabajo las horas que me tocan y ya, pero para hacer un promedio). Así que, por el momento, eso valen.

Ahora viene lo divertido. En este momento mi día vale 210€. Ese es mi stock cuando me despierto y se empieza a gastar, lo quiera o no.
Con estos números en mente me di cuenta que cada día “gasto” 70€ sólo de dormir y otros 70€ en la escuela(!), 17,5€ para comer y 9€ para escribir aquí.

Puede parecer una manera bastante cutre (y capitalista liberal! viva la revolución!) de medir el valor de las horas, por que entiendo que no son comparables las de dormir y comer con las de trabajar o estudiar, pero es solo un ejercicio de análisis. Quitando esas horas comodín obligatorias, con cada hora laborable tengo la opción de:
a) Generar esos 8,75€ –o más–
b) Invertirlos en acciones que suban ese valor en un futuro, ó
c) Simplemente gastarlos. Sin beneficios ni ROIs.

Después de unos días con esto en la cabeza, me empecé a preguntar si ciertas cosas valían la pena o no. Que cada hora gastada en actividades que no generaban ni sumaban valor a mis horas se lo quitaban. Y también que nadie excepto yo tenía control sobre eso.

Tampoco es que me mortifíque por las horas que malgasto. No es el caso. No tengo la intención de convertir mi vida en una carrera capitalista por conseguir mas beneficios económicos. Pero si me da una base para analizar si para mi, vale la pena o no, gastar esos recursos en determinadas actividades. Si estoy dispuesto a invertir el único recurso que tengo, en algo que no me haga feliz.