Proyectos Mínimos Viables

En el cada vez más grande mundo emprendedor, hay un término popularizado hace unos años por Eric Ries en su libro “The Lean Startup” al que llama Minimum Viable Product, el producto mínimo víable. La versión beta que tiene las mínimas complicaciones y características funcionales que te permitan lanzar un proyecto y enseñarselo a un público real que te pueda dar claridad sobre si vale la pena seguir metiéndole esfuerzo y dinero o si necesitas replantear la idea (o como la transmites).

Esto requiere que hagas un análisis conciensudo (y selectivo) sobre las principales cosas que hacen de tu proyecto algo que le pueda interesar a mas personas y si tienes la capacidad para realizarlo del modo que lo estás pensando o requieres hacer primero otras cosas que ayuden al éxito de la idea principal (por ejemplo, buscar una base de lectores/suscriptores antes de lanzar un libro) y que al mismo tiempo te permitan medir tu mercado potencial (hacer crecer esa misma base de lectores a base de artículos en Internet que les interesen/gusten).

Esto tambien funciona con proyectos no necesariamente emprendedores, como por ejemplo, con el encargo de algún cliente. Muchas veces me ha pasado, que después de las primeras reuniones, me ponía a trabajar como loco en la idea que me había formado de como debería ser el resultado final del proyecto, sin irla construyendo paso a paso, sin medir si esa solución funcionaba o no.

Ahora creo que es mejor construir MVPs de cada proyecto. Analizar los puntos claves que sostienen el concepto, simplificarlos lo mas que pueda, construir las soluciones que lo muestren con las mínimas características, decidir si nos sentimos cómodos con el camino y probar si funciona con un grupo externo (aunque reducido) de personas.

Esto requiere de una mayor capacidad de pensamiento abstracto y claridad para poder comunicarlo, por lo que puede llegar a ser complicado explicarlo y poner en sintonía al cliente, pero lleva sin dudas a mejores resultados.

Muchas veces nos lanzamos a la brava, con ideas creciendo en la cabeza le damos características al proyecto por gusto personal y damos por supuesto elementos clave de las circunstancias que lo rodean. Incluso nos llegamos a alejar de la mejor solución por construir lo que ya tenemos imaginado. Quizá a veces por miedo de no tener una idea mejor otras por simple pereza.

Al final, lo mejor es no enamorarse de las soluciones sino de la idea de solucionarlo de la mejor manera. La mayoría de las veces ni se parecerá a lo primero que pensaste.

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